La noche mágica de Ciriana

Publicado: 05/10/2022
Autor

Salvo Tierra

Salvo Tierra es profesor de la UMA donde imparte materias referidas al Medio Ambiente y la Ordenación Territorial

Escrito en el metro

Observaciones de la vida cotidiana en el metro, con la Naturaleza como referencia y su traslación a política, sociedad y economía

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La celebración de la Noche Fenicia se está configurando en uno de los actos más interesantes para la formación de la ciudadanía malagueña
En una sociedad como la que vivimos, materialista hasta lo impúdico,se hace fuerte el predicado de que aquello que no se ve no existe. Así se minorizan valores tan importantes como los que proceden del alma, de la naturaleza o de la historia. Por mucho empeño que pongan, los que se dedican a ello, en describir cada uno de los momentos y de los grandes detalles que nos condujeron a ser como somos y que nuestro entorno tenga una determinada configuración, si la ciudadanía no lo palpa no formará parte del acervo colectivo. Es el caso de los muchos tesoros que encierra Churriana, de nuestro pasado y de las potencialidades de futuro.

La celebración de la Noche Fenicia se está configurando en uno de los actos más interesantes para la formación de la ciudadanía malagueña. Este año coincidió con el cambio de luna, la del centro de esa trilogía lunar tan emblemática entre los fenicios. Además, se celebraba el día de Santa Tecla, nombre de una de las haciendas más señeras de ese venerable eje de los excelsos jardines que siguieron la estela de Fray Alonso de Santo Tomás con sus jardines de El Retiro. Para hacer más mágica la velada, el difícil camino de acceso hasta la magnífica Hacienda de La Cónsula estaba flanqueado en sus orillas por las grandes inflorescencias rosadas de Carlinas, un curioso cardo que solo florece tras secarse completamente sus espinosas hojas y que cuando así se manifiesta se interpreta como presagio de un gran año por venir.

Sorprendía el ambiente de un público que pocas veces he visto tan numeroso en torno a una actividad cultural, que acababa siendo festiva. La atención la centraban los resultados del encomiable trabajo de Bartolomé Mora y Pepe Suárez por recuperar lo más valioso de la génesis malacitana, gracias aesos hallazgos arqueológicos de la Málaga fenicia en la desembocadura del Guadalhorce. Como maestro de ceremonia Carlos Gozálbez aportaba además las singularidades de nuestra historia medieval. Todo ello aderezado por un público que lo sazonaba de experiencia y sabiduría, como José del Río, Pedro Rodríguez Oliva, Salvador Trujillo o Antonio Navajas, entre otros muchos.

Pero para que ese milagro químico por el que lo invisible se convierte en evidente, y en consecuencia apreciado, se requiere de personas que actúen de catalizadoras. El papel de la inquieta Maricruz Torres es el paradigma de que la voluntad mueve montañas, de que la mejor manera de avanzar es no quedarse parados. Maricruz y los jóvenes miembros de su Ciriana son un ejemplo manifiesto de que hay otro futuro posible, más allá del que algunos se empeñan en dibujar.

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