'El Evangelio de Judas'

Publicado: 17/06/2021
Autor

Carlos Manuel López

Carlos Manuel López Ramos es escritor y crítico literario. Consejero Asesor de la Fundación Caballero Bonald

El sexo de los libros

El blog 'El sexo de los libros' está dedicado a la literatura desde un punto de vista esencialmente filosófico e ideológico

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Los evangelios de Marcos, Mateo, Lucas y Juan están repletos de mitos y quimeras increíbles desde una óptica racional...
En esta Era del Bodrio, el sensacionalismo y el escándalo suelen rodear con frecuencia los temas bíblicos, sobre todo los  neotestamentarios. Aparte del lamentable y patético caso Dan Brown, con  sus numerosas  secuelas y ramificaciones, está claro que surgió una  obsesión por exaltar el valor de las heterodoxias  en materia de cristianismo con la apariencia de un revisionismo histórico que era revisionista pero escasamente histórico. Se aplicó superficialmente la socorrida fórmula de la inversión: los malos de antes son los buenos de ahora, entre otras tendencias, y  se concederá crédito indebido (incluso por investigadores supuestamente serios) a elementos legendarios y supersticiosos de todo linaje, por si fueran pocas las fantasmagorías presentes en las instituciones eclesiásticas. De todas las Iglesias y confesiones cristianas.      

Si ya es enorme la carga de ficción y camelo que colma los  Evangelios canónicos, la de los gnósticos (apócrifos) es aún mayor y su grado de inverosimilitud alcanza niveles escalofriantes. En ambas colecciones evangélicas se aprecia un evidente predominio de la entelequia y la fábula, con unos niveles precarios de historicidad y una nula base científica. Los evangelios de Marcos, Mateo, Lucas y Juan están repletos de mitos y quimeras increíbles desde una óptica racional: milagros (multiplicación de los panes y los peces, bodas de Caná), la Transfiguración, la intervención del Diablo, resurrecciones de muertos (la más apoteósica la del propio Cristo), Jesús caminando sobre las aguas, Jesús paseándose entre los vivos después de su fallecimiento o el festival de Pentecostés. Se dirá que todo lo anterior compete a la fe, pero la fe, como afirma Jean-Marie Kellerman, probablemente radica en una cavidad del cerebro habitada por espectros y contenidos absolutamente indemostrables. Aunque bien es verdad que los desvaríos de los Evangelios gnósticos discurren por los senderos de las visiones esquizofrénicas. Pura literatura y, todo hay que decirlo, ocasionalmente de notable calidad.      

El Evangelio de Judas se sitúa en el contexto de la secta de los  cainitas, que a su vez constituía un movimiento vinculado a los   ofitas, dos colectivos minoritarios dentro del gnosticismo. Los ofitas (circa año 100 en Siria y Egipto), del griego ὄφις (ophis, "serpiente"), adoraban a la serpiente del Génesis (la del relato del pecado original de Adán y Eva), por su relación directa con el árbol de la ciencia del bien y del mal, y la de éste con la gnosis (cuyo significado es “conocimiento”). Para los ofitas, la serpiente no era Satanás, sino  un ser benefactor y épico; mientras que el Dios del Antiguo Testamento era identificado con un demiurgo torpe y malvado, creador de este mundo imperfecto y nefasto. En la misma línea, los cainitas rendían culto a Caín por tratarse de un ente superior y un enemigo declarado del detestable Dios de los judíos; y también veneraban a todos aquellos que se hallaban en la misma condición opositora que Caín, como Esaú, hijo de Isaac y Rebeca y hermano de Jacob; Esaú vendió su primogenitura por un plato de lentejas, aunque la Torá dice “un plato bermejo (rojo)”, sin más especificaciones, y de ahí vino el odio de Esaú hacia su hermano, si bien, pasado el tiempo, se reconciliaron: pero la venta de la primogenitura, que implicaba el sacerdocio, se ha visto como un acto de rebeldía y desprecio. Otro inicuo al que honraban los cainitas era Coré, quien acaudilló una conspiración contra Moisés y Aarón, pero fue castigado por Dios y tanto él como 250 de sus seguidores fueron consumidos por un fuego divino, mientras otros de sus partidarios fueron tragados por la tierra. Asimismo los cainitas reverenciaban a los depravados habitantes de Sodoma, como no podía ser menos, practicantes de todos los vicios y desenfrenos, particularmente los sexuales. Y de esta forma, después de otros episodios, el cainismo llega a la celebración de Judas Iscariote como héroe del misterio de su traición.      

El Evangelio de Judas fue compuesto en torno al 130-150 en griego. El texto conservado es una copia en lengua copta del siglo III o IV, y desde su descubrimiento fortuito cerca de la localidad egipcia de Beni Masar, en 1978, tuvo un recorrido complejo y novelesco (salida ilegal de Egipto, robo, intentos frustrados de venta, etc.) hasta que pudo ser estudiado con ciertas garantías de corrección. El manuscrito, que estaba depositado en un banco de Nueva York desde 1984, fue adquirido en 2002 por la Maecenas Foundation for Ancient Art, de Basilea, que contactó con la organización National Geographic Society para su restauración, datación y traducción, trabajo que hizo un grupo de expertos de ambas corporaciones. En 2006, finalmente, la National Geographic elaboró un vídeo documental titulado The Gospel of Judas (El Evangelio de Judas), el cual puede verse en YouTube.

El manuscrito es auténtico desde el punto de vista compositivo y cronológico. Su contenido es delirante y narra una versión auténticamente rocambolesca del papel de Judas en la pasión de Cristo, aunque la crónica oficial no se queda atrás en su extravagante  descripción de los acontecimientos.

Judas aparece como el apóstol predilecto de Jesús, al que éste hace revelaciones secretas sobre el cosmos y el otro mundo, además de ordenarle que lo entregara para así morir y liberar al espíritu que estaba prisionero en su cuerpo (noción gnóstica por excelencia). Cosa rara. Para qué tantos rodeos cuando salir del cuerpo es tan fácil como ahorcarse o tirase por un precipicio con suficiente altura.

Cristo le dice a Judas: “Tú superarás a todos ellos (se refiere al resto del apostolado). Tú sacrificarás al hombre que me recubre”. Y le dice: “Apártate de los demás y te diré los misterios del reino. Para ti es posible alcanzarlo, pero padecerás gran aflicción. Pues alguien más te reemplazará, de manera que los doce [discípulos] puedan de nuevo completarse con su dios”. Y también le dice: “Tú serás el decimotercero, y serás maldito por generaciones y vendrás para reinar sobre ellos”.

Judas es el único que conoce la verdadera naturaleza de Jesús: “Sé quién eres y de dónde vienes. Tú eres del reino inmortal de Barbeló. Y no soy digno de pronunciar el nombre de quien te ha enviado”. Barbēlō (en griego: Βαρβηλώ) es la primera emanación divina en la cosmogonía de la gnosis, a veces es interpretada como un principio femenino y otras veces como un principio andrógino de dios Padre-Madre, lo que contradecía el dogma patriarcal de la concepción judeocristiana, resultando un factor esencial de rechazo por parte de lo que llegaría a ser el oficialismo. Pero esto teniendo en cuenta que, tanto entre los cristianos como entre los gnósticos de los primeros tiempos, existía una gran diversidad de corrientes con ideas bastante distintas en el plano teórico. Pablo de Tarso es el gran unificador de la ideología cristiana que triunfará en su momento y que perdura hasta hoy.   

El Cristo de El Evangelio de Judas se ríe muchísimo, sobre todo de sus apóstoles, salvo de Judas, por el desconocimiento que tienen los otros once de las verdades trascendentales (gnósticas). He aquí un Cristo propenso a la carcajada y al sarcasmo, faceta intolerable para  los Padres de la Iglesia.

Las revelaciones que Jesús hace a Judas sobre los enigmas del universo adolecen de una fantasía desquiciada, característica de las cosmogonías gnósticas: el cosmos como perdición; el Padre y las 72 Luminarias; el Autogenerado y sus 72 eones; el primer humano con poderes incorruptibles; el Eón y su generación; la nube de conocimiento; ángeles psicodélicos: como Nebro (Rebelde), también llamado Yaldabaoth, y Saklas. Nebro y Saklas crean cada uno seis ángeles, y estos doce reciben cada cual un sector  del cielo; y luego aparecen unas extrañas figuras, siendo la primera  Seth, llamada Cristo, y la segunda es Harmathoth, y la tercera es Galila, y la cuarta es Yobel, y la quinta es Adonaios. Y estas cinco Drag Queens angélicas gobiernan el mundo subterráneo y el caos… Realmente alucinante, ¿no creen? La lectura de los escritos gnósticos es una experiencia que sin duda  merece la pena. Es algo inolvidable.   

 

 

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