Quince años tiene mi 'amor'

Publicado: 26/03/2021
Autor

Pedro García Vázquez

Pedro García es periodista. Director de Informativos de 7 Televisión y Publicaciones del Sur

Absit Invidia

Con la esperanza de ser entendido por lo que pone, y por lo que no. Eso sí, sin ánimo de ofender ni en castellano, ni en latín

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Twitter es la palestra del siglo XXI en la que informamos, desinformamos, criticamos, insultamos, denunciamos, exhibimos y exteriorizamos
Que me disculpen Manuel y Ramón, los componentes del Dúo Dinámico, por apropiarme del título de aquel legendario éxito de finales de los ochenta para referirme al trino de un pájaro que ha transformado nuestras vidas durante los tres últimos lustros.

Empezó siendo un espacio creado para que los usuarios narrasen en 140 caracteres lo que les estuviera aconteciendo y se ha convertido en una red social capaz de influir hasta en el proceso electoral de la nación más poderosa del mundo. Twitter ha sido una revolución. Ha transformado nuestras vidas. Es la palestra del siglo XXI en la que informamos, desinformamos, criticamos, insultamos, denunciamos, mostramos, exhibimos y exteriorizamos hasta unos 500 millones de cosas (muchas de ellas pamplinas) al día. Telita.



Mi padrino en la red es el entonces periodista y sin embargo amigo Mauricio Navascués, ahora dedicado felizmente al mundo de la restauración en la trimilenaria y andaluza ciudad de la luz y el amarillo. Desde aquel bautizo, la red nos ha transformado. Estamos en la era del flash, del titular, de los 140 caracteres (ahora) ampliables. Nuestra estructura mental se está acostumbrado a lecturas breves, sencillas, sin subordinadas. De hecho leer un artículo en profundidad es casi misión de unos pocos privilegiados.

Donde antes informábamos, ahora nos quejamos -como consumidores- de los incumplimientos de las empresas de telecomunicaciones o de las grandes superficies, que en numerosas ocasiones se ven obligadas a responder al tratarse de una denuncia pública. Exclamamos suspiros y escupimos insultos. Nos sometemos a las encuestas en la red. Y con todo ello pensamos que Twitter es el centro del mundo, cuando no lo es. Son los que están, pero no están todos los que son. Una mayoritaria parte de la sociedad no está pendiente de tuitear, y algunos de los que estaban no han querido seguir escuchando el trinar de los pájaros, cerrando su cuenta. La obsesión por los seguidores, en algún caso patológica, y la sobreexposición de periodistas y políticos convierten a esa red bonita y caprichosa en un amor con gran nivel de dependencia y altas dosis de toxicidad. 

 

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