Bueno pero poco

Publicado: 04/03/2022
Autor

Pedro García Vázquez

Pedro García es periodista. Director de Informativos de 7 Televisión y Publicaciones del Sur

Absit Invidia

Con la esperanza de ser entendido por lo que pone, y por lo que no. Eso sí, sin ánimo de ofender ni en castellano, ni en latín

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No debemos conformarnos con la mejora, verdaderamente necesitamos una transformación
Soy uno de esos andaluces que nace donde quiere. Por mis venas corre sangre tosiriana, pero en mis documentos de fotomatón consta natural de Madrid. Esta semana me he dado cuenta de que se han cumplido treinta años de mis venturas y (pocas) desventuras en La Línea de la Concepción, Algeciras, Cádiz, Marbella, Jaén o Sevilla, localidades en las que he residido en algún momento durante las tres últimas décadas.

Con motivo de esta efemérides, he dado gracias a la vida por traerme a esta tierra, pero también me he preguntado por el cambio de Andalucía durante los últimos treinta años, los que yo he podido contemplar in situ. ¿Se ha transformado Andalucía desde 1992? Rotundamente, no. Partiendo, además, del hecho de que la metamorfosis que trajo la Expo ya se había producido previamente. A partir de ahí, ¿qué? Poca cosa aunque los dirigentes andaluces (da igual cuando leas esto) tratan de dibujarnos una especie de arcadia feliz o una comunidad de excelencia.



Decir que Andalucía ha mejorado es solemnizar lo obvio. Un ejemplo significativo: la antigua carretera comarcal 440, que unía Jerez y Los Barrios, es ahora una (parcheada) autovía. Faltaría más. Pasaron décadas hasta ver ese cambio, pero posiblemente fue una de las pocas transformaciones de calado en la provincia de Cádiz, a excepción de lo conseguido por Teófila Martínez en su etapa de alcaldesa capitalina -léase, el segundo puente y el soterramiento de la vía del tren- o el crecimiento, pese a sus infraestructuras, del Puerto de Algeciras.

Los parámetros trascendentes de la economía andaluza no han cambiado durante esas tres décadas. Seguimos a la cabeza del desempleo, especialmente el juvenil; el poder de influencia en el Gobierno central es cada vez menor, la inversión en comunicaciones es irrisoria, siendo el tren el ejemplo más palpable. A excepción de la encarecida alta velocidad en Sevilla y Málaga, el resto de la comunidad cuenta con una infraestructura ferroviaria, cuando menos, del siglo pasado. En algunos casos, tienen metros interprovinciales más que trenes por lo lento que circulan y la cantidad de paradas que hacen. Aunque las exportaciones vayan como un tiro, los pueblos más pobres siguen estando en Andalucía. No debemos conformarnos con la mejora, verdaderamente necesitamos una transformación.

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